...Entonces
llega el momento en el que subo tan alto que llego hasta las nubes,
floto, y el cielo a mi al rededor tiene una claridad infinita. Llega
el momento en el que lo único que mi diminuto cuerpo puede albergar
es felicidad, en el que el tiempo se detiene, mi respiración se
paraliza y al contrario, mi corazón acelera. Llega el momento en el
que miles de hormigas revoltosas recorren cada milímetro de mi
cuerpo causando un cierto cosquilleo dentro de mí. Llega el momento
en el que descubro con más intensidad cada vez un calor placentero,
una sensación abrumadora, un refugio acogedor y un paraíso sin fin.
Me siento como una hoja de otoño que se desprende de su árbol y
queda suspendida en el aire, como una ráfaga de viento dulce y
ligera, como un rayo de sol cálido y reconfortante.
Entonces
es cuando me sumerjo en tu mirada para ver lo que nadie más puede
ver en ti, me fundo en tus labios para sentir lo que nadie más
sintió por ti... Es entonces cuando siento la felicidad, en su
estado más natural. Y dioses, te juro que no hay nada igual.

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