Esperando en el portal me perdí en mis propios pensamientos, de esos que te envuelven sin casi darte cuenta. Pensé en la razón de nuestra existencia. Me pregunté por qué estamos aquí, en este mundo, que nos hace sufrir y caernos a menudo. Me imaginé como sería la muerte, y como llega a todo el mundo por igual; ricos, pobres, melancólicos, dichosos, nostálgicos y gozadores.
Pero entonces algo me despertó de aquellos pensamientos, tus brazos me envolvían cuidadosamente, con la misma dulzura que siempre lo hacen, despertando a su vez esa llama en mi interior y dibujando una sonrisa en mi rostro. Y de pronto, en una milésima de segundo, pude descifrar lo que miles de personas han intentado descubrir.
Existimos para vivir, para disfrutar, para soñar y para amar. Nos caemos y sufrimos para crecer y aprender a levantarnos, y para que cuando lleguen, saber apreciar los momentos radiantes en nuestra vida y poder darles el valor que realmente se merecen. Y la muerte, la muerte llega para permitirnos mirar hacia atrás y sonreír por las victorias y las derrotas. Y así, moriremos solo para saber que hemos vivido.
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