''Tienes que ser valiente'', te repiten una y otra vez, y esa frase se queda retumbando en tu cabeza con ecos que parecen nunca acabarse. ''Tienes que ser valiente''. Ahora eres tú la que lo repite para ti misma. ''¿A qué le tienes miedo, eh?''. Hay una batalla en tu interior, te rechinan los dientes, aprietas los puños, tu respiración se acelera, se te humedecen los ojos, frunces el ceño, y se forma un terrible nudo en tu garganta, de esos que te hacen desear tirarte al suelo y llorar como una niña pequeña.
''¡Demonios! ¿Pero a qué coño le tengo tanto miedo? ¿Quizás a las miradas de reproche? ¿A fallar? ¿A decepcionar? ¿A no ser lo bastante buena? ¿A darte cuenta, que lo que más te gusta, lo haces mal?''
¡Levanta la cabeza! ¡Levanta la cabeza y deja de tener tanto miedo!
Tienes que ser valiente. Así que sé valiente''.
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